Calcuta-Parte I
- Diana Milena Lopez Avila
- Oct 16, 2018
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Entre junio y julio de 2010 vivà 6 semanas en Calcuta a donde fui a hacer una práctica durante el verano. En total fueron un poco más de dos meses en India, en los cuales sufrà y me sorprendà de un paÃs que llegarÃa a ser, 5 años despúes, mi hogar durante 3 años. Durante mi estadÃa en Calculta llevé un blog, y búscando en internet, me encontré con lo que escribà durante mis dÃas en Calculta. Acá van las entradas que escribà en ese entonces. Una forma de recordar y de volver a vivir esos dÃas.
1. Primer dÃa en Calcuta (24 junio de 2010)
Mi primer dÃa en Calcuta paso de la emoción y la expectativa a la incertidumbre y el arrepentimiento. Comencé el dÃa descubriendo solo una partecita muy pequeña de lo que es Calcuta, jóvenes peleándose ayudar con las maletas para ganarse algo de propina, el taxista que cobra una cargo adicional por tomar una vÃa en la cual, según él, no hay trancones; el baño al estilo India con un hueco en el piso (al que no fui capaz de entrar), las tiendas de dulces, la comida de la calle que se disfruta si se tiene un estomago resistente. Pasé de esa Calcuta por descubrir a la Calcuta que me hizo llorar, la que me hizo querer dar la vuelta y regresar, la que me hizo cuestionarme quién me mandó a venir a este paÃs, quién me mando a sacrificar las comodidades y la limpieza de donde estaba, por qué no me quedé a disfrutar de los Campos ElÃseos en verano en lugar de venir a aguantar más de 30° con lluvia, calles sucias, gente mendigando, sabanas que no están limpias, baños en los que no hay papel higiénico y en los que al bañarme queda un charco increÃble porque la ducha no está separada del resto del baño. SÃ, lloré mientras desde la ventana de aquella habitación incómoda donde pasé mi primer noche en Calcuta, veÃa y sentÃa el aguacero fuerte de la noche, veÃa como el agua entraba y mojaba las sabanas de la cama que me dejaron, lloré mientras escuchaba a dos jóvenes hablar y reÃrse en un idioma que me era extraño, lloré mientras recordaba mi cama, mi sabanas limpias, mis toallas frescas y suaves, la comodidad de mi baño, el olor a limpieza. SÃ, lo acepto, crecà en un hogar de clase media-alta colombiana, de esos que se consolidaron a pulso y con el sudor de la frente de quien ha trabajado toda su vida por darle lo mejor a sus hijos, de esos en los que las mamás tiene todo limpio, en los que las toallas huelen a suavizante de lavanda, de esos en los que el baño está reluciente, de esos en los que las sabanas son frescas y limpias, en los que cada hijo tiene su habitación y su espacio, de esos en los que no le falta a uno nada. Crecà en ese tipo de hogar y por lo tanto me resulta difÃcil acomodarme a vivir en una especie de pensión, a compartir mi habitación con 3 personas más, a compartir el baño con otras 6, a no sentir la frescura de las toallas o no ver la pulcritud en el baño. Fue asà como en mi primer noche en Calcuta las lágrimas de mis ojos se confundÃan con la lluvia de afuera, fue asà cómo me dormà preguntándome por qué decidà venir a este paÃs. Al siguiente dÃa me desperté sin saber qué empezarÃa a encontrar y a construir la respuesta a mi pregunta.
2. Vivir en Calcula (27 junio de 2010)
Después de pasar la noche en un sofá un tanto incómodo sin sábanas ni almohada, y tener que bañarme en un baño incómodo y oscuro, finalmente encontré un lugar donde vivir las próximas semanas. Puedo decir que me siento como cuando veÃa una de las novelas que se llevaban a cabo en una pensión del centro de Bogotá, donde cerca de 10 personas compartÃan el baño, donde las habitaciones eran pequeñas, donde los lujos eran escasos. SÃ, pasé de vivir en estrato 6 en Manizales donde tenÃa mi apartamento de 45m2, con balcóny todo; de disfrutar de mi casa amplia, de mi habitación cómoda y mi baño limpio en Bogotá; de vivir en Paris con vista a la Torre Eiffle, asà fuera en una habitación de 18m2. Pasé de eso para vivir en un PG (Paying Guest) en Calcuta (pensión en un lenguaje más coloquial) donde la habitación no tiene más de 8m2, donde la cama es algo menos que sencilla; donde el armario se limita a un mueble de 3 puertas, de un blanco que parece gris; donde el verde manzana de las paredes esta desgastado y desteñido; donde la ropa se cuelga adentro porque solo se puede dejar afuera mientras no esté lloviendo; donde el baño no tiene un blanco resplandeciente como el de las propagandas, donde cada vez que me quiera bañar tengo q llevar mi balde y una vasija; donde tuve que comprar un mosquitero para evitar ser presa de ellos por las noches. SÃ, asà es como vivo ahora, asà es como voy a vivir las próximas 6 semanas; al principio me costó adaptarme, pero ahora ya hace parte de mi vida, es parte de la experiencia que decidà vivir, es parte del camino que vine a recorrer. Anoche me dormà pidiéndole a la virgen que encontrara un lugar donde vivir y sé que ella me puso en el lugar adecuado, aun cuando las comodidades no hacen parte del paquete; la experiencia de vida es el principal protagonista. Hoy caminé por Salt Lake en Calcuta, fui al mercado, que es cual la plaza de mercado de las Ferias, aunque un poco más pequeño; compre mi balde, mi vasija, mis sabanas, mis toallas, mi mosquitero, mi papel higiénico, aun me falta comprar mi cepillo y el detergente para lavar la ropa. Hoy compré dulces tÃpicos, increÃblemente deliciosos y por solo 30Rs. Hoy empecé a vivir Calcuta y sé que apenas comienza mi experiencia y la construcción de mi camino en esta la ciudad de la alegrÃa, aun cuando para mi haya comenzado con tristeza.
3. Comenzando a descubrir Calcuta (28 junio de 2010)
Hoy fue mi primer dÃa de salir a empezar a recorrer Calcuta. Hoy hice uso de los distintos medios de transporte que ofrece la ciudad, monté en taxi, rickshaw, bus y metro. El primer bus fue un bus relativamente moderno que me recordaba mis dÃas de montar en bus en Bogotá, donde el conductor ponÃa orgullosamente La Vallenata y durante todo el recorrido escuchaba los vallenatos de ayer, de hoy y de siempre; acá era La Vallenata al estilo India, por caracterizar el ritmo de la música. El segundo era como uno de esos buses de uno de los pueblos más apartados de Colombia, se distinguÃa por sus colores, por fuera resaltaba un color azul clarito con avisos en rojo y verde, por dentro una guirnalda naranja; ah eso si, el ayudante de bus cual flota en el portal norte de Bogotá, es el que recoge la plata y el que permanece durante la mayor parte del tiempo con medio cuerpo afuera gritando el destino y atrayendo a los pasajeros. En el metro sentà la diferencia de género como no la habÃa sentido antes, era cual paseo bugueño, hombres a un lado y mujeres a otro, nada de mezclarse; no sé si esto era la caracterÃstica del vagón en el que viajaba o que en general todos los metros son asÃ. Hoy fue el primer dÃa de empezar a descubrir Calcuta, de ver la gente mendigando, la pobreza viviendo en la calle; de ver mil puestos de comida en la calle que ofrecen una variedad de sabores; de ver hombres que se mandan a afeitar en la calle; de ver lustradores de zapatos, de sentirme nuevamente en el tercer mundo.









