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  • Writer's pictureDiana Milena Lopez Avila

Calculta-Parte III


Montar en Ricksaw (Julio 18 de 2010)

Durante el mes que he estado en Calcuta he tenido la posibilidad de utilizar los diferentes medios de transporte que ofrece la ciudad, metro, bus, taxi, auto-ricksaw and ricksaw, la diferencia entre estos dos últimos es que el primero es como un moto taxi, mientras que en el segundo toda la fuerza viene del pedaleo del conductor. Todos los conductores de ricksaw que he visto son delgados, se les nota el cansancio en la mirada, se les nota las arduas jornadas de trabajo en su cuerpo. Para ir al centro comercial más cerca a mi casa suelo tomar ricksaw, el recorrido demora alrededor de 15 minutos y la carrera vale 20Rs (1E=56Rs). Ayer justamente tome un ricksaw para ir a City Center y mientras iba en el recorrido me quede mirando al conductor, su espalda tenía una gran joroba que creo es producto de haber sido “cotero” en algún momento de su vida, es decir, es producto de haber tenido que soportar varias toneladas en su espalda. Su camisa estaba rasgada y se notaba el desgaste de las fibras. En cada pedaleo se podía sentir el esfuerzo que tenía que hacer, y no porque yo fuera muy gorda, es simplemente que mantener el equilibrio cuando se están llevando por lo menos 50 kgs detrás no es fácil. Justamente en la parte de “City of Joy” que estoy leyendo describen cómo es el trabajo de estos hombres, cómo son explotados por los propietarios de los ricksaws y cómo ese primer recorrido cuesta tanto trabajo, cómo dar un giro puede llevar a una caída abrupta. Creo que montar en ricksaw hace parte de vivir Calcuta, de incorporarse a esta ciudad que desde ahora, a 3 semanas de partir, ya me está empezando a hacer falta

A tres semanas de partir (julio 18 de 2010)

Sé que al comienzo me recibió con lágrimas y cuestionamientos, sentía que estaba en el lugar equivocado y me preguntaba quién me mando venir acá, la primera semana en Calcuta fue una semana gris, pasada por lágrimas, y lluvia. Ahora a 3 semanas de partir, el panorama es totalmente distinto, siento que necesito más tiempo para hacer todo lo que quiero, para visitar todos los lugares, para probar todos los sabores, para sentir todas las sensaciones que ofrece esta ciudad. Ahora las semanas se pasan rápido, la cotidianidad de mis días hace que me sienta parte de este lugar, ya reconozco los lugares, los rostros, los colores. Ya no me siento tan ajena y lejana como cuando llegue. Disfruto organizar mi mosquitero cada noche, sentir el calor de las noches y levantarme en las mañanas dispuesta a tomar una ducha de agua fría. Disfruto preparar mi café o mi avena en una pipeta de gas y desayunar viendo videos en MTV India, deseando poder bailar como los protagonistas. Disfruto caminar hasta la oficina siendo abrigada por el calor de las mañanas. Disfruto almorzar paneer roll o chicken choowmain, en el puesto de la esquina. Disfruto poder cada día escoger un dulce diferente de los miles que ofrece esta ciudad y degustarlo de principio a fin. Disfruto la sensación de degustar “Pan”, la combinación de sabores y esencias es increíble. Disfruto llegar por la noche a mi habitación, hablar con mi room mate, leer un rato, tomar otra ducha de agua fría y disponerme a descansar. Disfruto tomar el bus para ir al hogar de niños los fines de semana, sentarme en esa mesita en la que cada vez que miro al frente, tengo a la virgen, mientras marco las etiquetas y los folders de los niños. Disfruto conversar con el señor que está a la entrada del hogar quien me recibe siempre con una bendición y una sonrisa. Disfruto sentarme en la capilla y orar, situaciones en las que a veces las lagrimas y el sudor se mezclan para refrescar mi alma. Disfruto ir a Park Street y comer en uno de los multiples restaurantes que ofrece esta ciudad y acompañar mi comida con una refrescante cerveza. Disfruto lavar mi ropa en balde y sudar hasta quedar tan empapada como la ropa que estoy lavando. Disfruto esta ciudad como si fuera parte de mi vida, disfruto vivir en Calcuta y sé que en 3 semanas cuando esté a punto de partir, me hará derramar nuevamente lágrimas, esta vez por la nostalgia de dejar lo que ya es parte de mi vida.

Un poco de poesía (julio 26 de 2010)

Los siguientes son unas lineas de poemas de Rabindranath Tagore, un poeta famoso bengali quien ganó el premio nobel en 1917. Estos poemas los vi en la estacion del metro cuyo nombre es en su honor: Rabindra Sadam.

"My work is rewarded in daily wages, I wait for my own final value in love"

"Let your love see me even though the barrier of nearness"

Ser voluntaria (julio 27 de 2010)

Ser voluntaria en el hogar de niñas en Dum Dum ha sido una de esas experiencias que llenan el alma. Por 4 fines de semana fui la única voluntaria, durante esos días le ayudé a la hermana a organizar las medicinas, marcar todos los frascos, marcar las cajitas con las pulseras, diademas y aretes para las niñas, organizar los expedientes, marcarlos, ubicar las fotos de las niñas, etc. Mientras organizaba los papeles de las niñas, leía lo que decían algunas de las historias y mientras lo hacía mi corazón y mi alma se sentían tocados. Por ejemplo, una de las niñas fue encontrada en la estación del tren pesando únicamente 1,8Kg. En otras historias las hermanas dan una breve descripción del perfil de cada niña, en estas descripciones uno puede encontrar cosas como “ella es muy amorosa, le gusta colaborar, le gusta arreglarse y usar pulseras, le gusta que le digan que se ve linda y que le den amor”. Son 64 niñas que han sido abandonadas, pero quienes están rodeados por un grupo de mujeres increíbles, que las alimentan, las cambian, las consienten, las conocen desde hace mucho tiempo; estas mujeres son mujeres de pequeños pueblos cerca a Calcuta que trabajan en el hogar, no hablan inglés pero son siempre muy amables. Además las niñas tienen a las hermanas, que les cantan, les dan la comunión, les cosen sus vestidos y les dan amor. Este fin de semana llego un grupo de 4 niñas austriacas, que vinieron a Calcuta por 1 mes con el único propósito de ayudar, de colaborar con aquellos que nos necesitan. Y es que en este mundo hay muchas maneras de ayudar, de ser útil a quienes nos necesitan, solo hay que estar dispuestos, como dice un letrerito en el hogar “God doesn’t ask for your ability or inability, he asks for your availability”. Para mí se ha convertido en parte de mi vida levantarme a las 6:30, coger un auto hasta Ultadanga y luego coger mi bus, ya conozco qué buses me sirven y la ruta que toman. Cuando voy tarde tomo un auto con el señor que ya me conoce y que sabe para donde voy, el no habla inglés pero nos entendemos y no necesito darle indicaciones porque el ya sabe cuál es mi destino. Frente al hogar de las niñas hay un señor quien el primer día me recibió con una sonrisa y una bendición, es un señor de aproximadamente 45 años, delgado, su nombre es James. El siempre me acompaña a coger el bus de regreso y fue él quien me enseño qué bus tomar, ha aprendido inglés con las hermanas y me dice que cuando vuelva a Colombia tengo que escribirle porque somos amigos, lo cual es verdad; creo que él es de esas personas que nunca voy a olvidar. De hecho creo que él hace parte de ese grupo de ángeles disfrazados de humanos con los que me topado en Calcuta; todos han sido hombres mayores, quienes sin conocer ni hablar muy bien inglés, me han brindado su ayuda para saber qué bus tomar, donde bajarme; para venderme un balde; para preguntarme de donde soy y entablar conmigo una charla sobre futbol. En dos semanas, cuando tenga que partir de esta ciudad, voy a extrañar a todos los ángeles que he conocido acá, a los que me ayudan a tomar el bus, a los que venden en el mercado, a los ángeles que me reciben con una sonrisa los fines de semana, a los ángeles que me permiten desayunar croissant (de esos que dan en los aviones) y té después de misa, voy a extrañar a esos ángeles anónimos que solo he encontrado en esta ciudad.


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